El título no me exime de comentarios, este puede ser un sitio de encuentro, sin caretas ni pacaterias, donde el aguante a la jerquización de nuestra profesión bibliotecaria en argentina comiense a ser realidad. Depende de nosotros...
jueves, 17 de junio de 2010
miércoles, 20 de enero de 2010
Ley de Bibliotecas Públicas Colombianas [Ley 1379 del 15-01-2010]
Dentro de las iniciativas de política pública del sector bibliotecario en los últimos tiempos, quizá mejor, desde la publicación del Decreto 2733 de 1973, cuando en Colciencias se crea el Sistema Nacional de Información con el objetivo de "poner a disposición de la comunidad nacional los recursos de información, bibliografía y documentación existentes en el país, para lo cual deberá ... coordinar las acciones y recursos necesarios y estructurar una red nacional de bibliotecas y centros de información y documentación" , acción que lamentablemente después de reiteradas reestructuraciones en las entidades públicas se dejó de lado, asistimos hoy a un hecho que merece ser destacado: la promulgación de la Ley 1379 del 15 de enero de 2010, que provee un marco normativo a las bibliotecas públicas colombianas y les plantea retos para que "cumplan su rol estratégico con respecto a la educación, la ciencia, la tecnología, la investigación,
la cultura y el desarrollo económico y cultural de la nación".
Se contempla dentro de su articulado aspectos relacionados con la obligatoriedad de las bibliotecas públicas de prestar servicio al menos 40 horas semanales, con las características que deben cumplir los servicios por éstas prestados, con la planeación y su correspondencia en la formulación de planes de desarrollo local regional y nacional, con los indicadores de gestión para garantizar el seguimiento y evaluación de los servicios, con la obligación de las entidades territoriales para la creación de bibliotecas públicas, con la gratuidad y calidad de los servicios, con el perfil de los bibliotecarios, así como con la infraestructura y mobiliario, entre otros.
La función patrimonial de las bibliotecas públicas, mereció un apartado en la ley, erigiéndolas en instancias responsables de reunir, organizar, incrementar, preservar, proteger, registrar y difundir el patrimonio bibliográfico y documental relativo a su jurisdicción territorial, lo cual permite que desde las regiones se gesten acciones que contribuyan al control bibliográfico nacional, en cabeza de la Biblioteca Nacional de Colombia.
La competencia nacional rectora con respecto a la ley es del Ministerio de Cultura, el cual contará con la asesoría de la Biblioteca Nacional de Colombia y del Comité Técnico de Bibliotecas Públicas, comité donde tienen asiento representaciones de entidades públicas y privadas (ministerios, cajas de compensación, facultades, redes de bibliotecas) , entre las cuales se encuentra ASCOLBI. En el orden territorial, la ley fija las competencias a cargo de los departamentos, municipios y distritos. Además se establecen las fuentes de financiación mediante la asignación de recursos provenientes del gravamen del servicio de telefonía móvil y de la estampilla Procultura.
Todo este esfuerzo, requiere además, del apoyo decidido y la participación de las instancias directamente comprometidas con el desarrollo bibliotecario colombiano. Las facultades y escuelas de bibliotecologí a y ciencias de la información deben cumplir un papel dinamizador desde la formación, la investigación y la proyección social; las asociaciones profesionales deben prestar su concurso en la reglamentació n de los aspectos relativos a las normas de carácter técnico y administrativo que garanticen el funcionamiento, operación y la adecuada prestación de servicios; las redes de bibliotecas deben prestar el apoyo necesario para garantizar la complementariedad de servicios y la realización de proyectos cooperativos; y, los profesionales y estudiantes reconocer en la ley un peldaño más para el desarrollo y crecimiento laboral, profesional y personal. Por su parte, las entidades privadas y públicas, gubernamentales e intergubernamentale s,
relacionadas con el sector del libro y la lectura cuentan con una gran experiencia que resulta fundamental para el desarrollo bibliotecario colombiano, mientras que la sociedad civil debe vincularse activamente en el planeamiento y desarrollo de su biblioteca pública, conformando veedurías ciudadanas que ejerzan control sobre el cabal cumplimiento de los preceptos establecidos en la ley.
Felicitaciones a la Ministra de Cultura, Doctora Paula Marcela Moreno por enarbolar desde su despacho esta bandera, a la doctora Ana Roda Fornaguera, por su empeño en esta iniciativa desde la Dirección de la Biblioteca Nacional de Colombia, y al Grupo de Bibliotecas Públicas, liderado por la Doctora Jeimy Hernández, así como sus antecesoras, quienes desde tiempo atrás con su presencia y trabajo en la región, abonaron el terreno en el cual hoy celebramos haya dado fruto esta iniciativa, tan esperada y necesaria para el país.
EDGAR ALLAN DELGADO F.
Presidente
Asociación Colombiana de Bibliotecólogos y Documentalistas -ASCOLBI-
Fuente: http://ascolbi.org/v3/
disponible en Ascolbi y el el foro RDB
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Hasta el 30 de enero la 28º Feria del Libro de Viña del Mar
Desde el viernes 8 de enero que está funcionando la 28 Feria del Libro de Viña del Mar, una de las más importantes del país, organizada por la Cámara Chilena del Libro y patrocinada por la Municipalidad de Viñá del Mar.
Esta muestra, un panorama imperdible para las cálidas tardes en la Ciudad Jardín, contempla un variado programa cultural, que incluye la participación de destacados escritores nacionales que estarán presentando sus últimas realizaciones, como es el caso de Pablo Simonetti, Pilar Sordo, Oscar Hahn, Raúl Sohr, Elizabeth Subercaseaux, Claudio Narea, Manuel Salazar, Héctor Velis-Meza, Pedro Engel, Ángeles Lasso, entre otros.
La muestra busca que el público, día a día, disfrute de la oferta literaria que en esta oportunidad exhiben 41 expositores y participe de las actividades culturales y de un entretenido panorama en vacaciones.
La entrada es gratuita y funciona de lunes a domingo en horario de 11:00 a 14:00 y 18:00 a 23 horas en el Liceo de Niñas de Viña del Mar ubicado en 2 Norte 753
Fuente:
domingo, 17 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Saqueo cultural de América Latina [Entrevista]
Entrevista al investigador venezolano Fernando Báez, autor del libro El saqueo cultural de América Latina: "No hay leyenda rosa en la historia de la colonización europea en América Latina: el genocidio, el expolio, la esclavitud y el memoricidio fueron realidades lamentables que ya nadie puede ignorar sin complicidad"
Fernando Báez, venezolano licenciado en Educación y doctorado en Bibliotecología, nos presenta su libro El saqueo cultural de América Latina (Ediciones Debate) recientemente editado en Chile. Báez se ha destacado por su compromiso con el rescate de la memoria patrimonial y cultural de nuestro continente y otros pueblos. De hecho en el 2003 viajó a Irak como miembro de la UNESCO y al año siguiente publicó una crónica de ese viaje, con prólogo de Noam Chomsky, titulada La destrucción cultural de Irak.
Sus aportes le han valido variados reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Cultura de Venezuela y Premio Nacional del Libro en Brasil. Actualmente dirige la Biblioteca Nacional de Venezuela. Sobre su libro, conversó con Punto Final.
En su libro plantea que las denuncias sobre el saqueo en América Latina se han referido, fundamentalmente, al aspecto económico, no al cultural ¿A qué se debe esto?
—Ha sido el precio del memoricidio. Europa decretó el silencio sobre este tema, lo relegó a un plano académico irrelevante, y vemos que esta tesis triunfó. Baste observar la xenofobia de las nuevas generaciones europeas repitiendo el profundo desprecio que tienen por cualquier cultura que represente un desafío a sus postulados. En América Latina somos víctimas de una educación basada en la estrategia de la amnesia. Todos los valores que se han intentado inculcar han obedecido a la exclusión.
La destrucción de códices y objetos de arte religioso ¿De qué manera influye en el proceso de conquista de los pueblos originarios?
—En el proceso de la transculturación, los conquistadores sentían que no bastaba con imponer la cultura occidental o el cristianismo, sino que debían borrar todo rastro posible de las culturas dominadas, las cuales fueron reducidas a trofeos y curiosidades. Los códices y objetos de arte religioso representaban un peligro enorme porque eran testimonios palpables, que animaban la resistencia indígena a la evangelización y a la aceptación del servilismo. El mensaje era claro y sigue siendo claro: no hay triunfo militar ni económico sin dominio cultural.
Desde el primer saqueo cultural, ocurrido en Tenochtitlan, usted plantea que se han perpetuado 515 años de rapiña. ¿Qué opina de quienes sostienen que tales afirmaciones son parte de una leyenda negra que exagera los hechos?
—Yo creo que son el equivalente de los revisionistas que hoy nos dicen que el holocausto ha sido exagerado. Conozco gente seria que enloquece y se atreve a cuestionar la Shoa, un hecho firme e innegable. Lo mismo pasa con los historiadores europeos y discípulos que consideran una manipulación que uno se atreva a recordar episodios como los que expongo en El saqueo cultural de América Latina, pero ninguno ha logrado refutar uno solo de los documentos y pruebas que contiene mi obra. No hay leyenda rosa en la historia de las relaciones de la colonización europea en América Latina: el genocidio, el expolio, la esclavitud y el memoricidio fueron realidades lamentables que ya nadie puede ignorar sin complicidad.
¿Cuál es el papel de la Iglesia en este asunto? Se lo pregunto pensando en que ésta justificaba sus acciones en la expansión de la religión cristiana.
—Los excesos de la religión han causado estragos, bien en nombre de Yahve o Alá. No se conoce a nadie, por decir, que en nombre del ateísmo se haya atrevido a crear una inquisición, exterminar a millones de seres humanos por creer en algo o volar aviones para estrellarlos contra centros financieros o políticos. Es irónico, porque los ateos deberían ser los más radicales al carecer de frenos trascendentes, pero vemos que no es así.
«En lo personal, creo que la Iglesia católica logró su meta de expandir su proyecto en América Latina con enorme crueldad, porque los evangelizadores fueron los mismos hombres corrompidos que denunció Lutero durante la Reforma. Yo le diría a los lectores que detrás de la expansión religiosa estaba el argumento económico: gran parte del dinero de la conquista fue a parar a las arcas del Vaticano. Pensemos que el Papa Alejandro VI donó las tierras recién descubiertas a cambio de recibir sus tributos, que fortalecieron sin duda la estructura eclesiástica».
El proceso del etnocidio trajo la desaparición de símbolos, lenguas y costumbres, siendo reemplazadas por la cultura del conquistador. ¿Qué ha logrado sobrevivir de las culturas precolombinas?
—El inventario incluye edificaciones asombrosas como Machu Pichu, Teotihuacán, Copán y cientos de otras construcciones magníficas. Hay seiscientos setenta y un pueblos indígenas, como el pueblo mapuche, un orgullo de la región. Quedan lenguas que sobrevivieron a la hecatombe cultural como el maya o el yanomami y otras decenas. También hoy quedan miles de objetos culturales en museos europeos que algún día Europa tendrá que devolver a sus legítimos dueños. Hay libros como el Popol Vuh, el Chilam Balam, poemas estupendos que salvó la memoria oral. Por fortuna, queda un 40% que logró pasar la criba de la aniquilación y la negligencia o las guerras de independencia.
Las élites culturales de los conquistadores se subordinan, desde un principio, a las culturas hegemónicas mundiales. ¿Cuáles han sido las consecuencias de esto en la formación de las distintas sociedades en nuestro continente?
—Ante todo la exclusión: actuamos todavía como países periféricos que necesitan la aprobación externa para aceptarnos socialmente. Todavía se forman las élites para acentuar las diferencias y mantener vigente el sistema de pensamiento y dispendio económico. Es una forma de actuación característica del colonialismo. Hoy persiste un legado siniestro: la segregación y la vergüenza étnica, ese pesimismo que conduce a la falta de políticas bien elaboradas para que esta etapa acelerada de la globalización no nos tome desprevenidos.
Usted se refiere a la memoria como eje ontológico. ¿Podría ser más explícito?
—No hay identidad sin memoria. Uno es lo que recuerda que es. Lo que nos hace humanos es que además de ADN biológico tenemos un ADN cultural que nos permite compartir esperanzas comunes. En el caso de América Latina insisto en cómo nos conforman seis dimensiones de nuestra memoria común: 1) Una memoria conflictiva común de conquista, expolio, esclavitud y genocidio antiguo y contemporáneo; 2) Una memoria indígena geomítica y ecológica; 3) Una memoria africana de transfiguración rítmica; 4) Una memoria hegemónica occidental: sistema religioso, sistema económico, sistema filosófico-ético, con tendencia ecocida; 5) Una memoria periférica de salvación y resistencia, que justifica cíclicamente la rebelión permanente y la revolución; 6) Una memoria negada del olvido de nuestro pasado traumático. A partir de aquí podemos entonces discutir lo que somos.
El tráfico de bienes culturales continúa en pleno siglo XXI. ¿Ve alguna posibilidad de detener esto? ¿Existe interés de los gobiernos afectados por tomar medidas más eficaces y severas?
—Hay poco interés justo ahora. La asociación de las bandas de traficantes de arte con el narcotráfico, representa un problema serio. La corrupción de todo el sistema de protección patrimonial mantiene un flujo de bienes culturales que es un gran negocio para miles de personas que viven de esto. En México la situación es grave, en Perú ha sido difícil detener esta exportación ilícita porque hay un mercado gigantesco.
El saqueo cultural también ha afectado a incontables pueblos del mundo en las últimas décadas. Palestina, Sarajevo, Irak, Afganistán, son un ejemplo. Parece ser una historia sin fin, sobre todo mientras haya guerras.
Es una desgracia que mientras más la estudio, más temor siento. A veces creo que esta disposición a la destrucción cultural es una nostalgia humana por volver a la prehistoria.
Publicada originalmente en Punto Final
Por Alejandro Lavquén
miércoles, 13 de enero de 2010
Adán Buenosayres / Leopoldo Marechal
martes, 12 de enero de 2010
Los nuevos modos del robo de Libros...
De aquellos simpáticos ladrones de una pieza, románticos y sigilosos, subversivos del mercado editorial y su lista de precios, apenas ha quedado alguna huella, cierta reaparición intempestiva en nombre del (supuesto) amor a la literatura. Todo ha cambiado ahora; el robo de libros se alejó bastante de la rebeldía antisistema y terminó por acercarse en sus formas al "crimen organizado", para fomentar la gran oferta en parques y plazas, pero sobre todo en las páginas de la estrella de este siglo: Internet. De una u otra manera, el robo de libros no perdió su intensidad en estos años y sigue siendo el problema de las librerías. Foucault, Borges, Galeano, Cortázar y Bolaño -ladrón confeso-, entre varios de la elite literaria. También los best sellers Dan Brown, Paulo Coelho y cualquier cosa que supere los 50 pesos. Todo desaparece. Todo se roba. (Casi) todo se revende.
"Dejá 15 minutos 'Vigilar y castigar', de Foucault, a la vista y no lo viste más", dice Matías, vendedor en una de las librerías de la avenida Callao, como ejemplo del extraño fervor por "llevarse" la obra del gran filósofo francés ("el más robado de la historia"). "Foucault, como muchos otros, son los más buscados por los lectores y, como consecuencia, por los ladrones, así que nosotros preferimos tenerlos bajo llave", explica el empleado de una librería de Corrientes, y detalla: "Con seguridad y todo, roban mucho. No es tanto en los números finales, pero es más de lo que parece". Según los números de esa misma librería hay un libro robado por cada 99 vendidos. Pero otras, confiesan off the record, han tenido hasta un 25% de error en los cierres. Igual, no existen cifras oficiales: en la Cámara Argentina del Libro carecen de datos al respecto.
Robos hay de todo tipo: aleatorios y apurados, eruditos (como ejemplo, un librero no sabe explicar cómo alguien se llevó la obra completa de Borges de una vez), a pedido del cliente y en equipo: "Viene uno, lo marca y le saca la alarma y otro se lo lleva", detalla Eduardo, otro vendedor. En verano, pero sobre todo en invierno. "Cuanta más ropa llevan puesta, más bolsillos y lugar tienen para esconderlos. Hay situaciones insólitas también. Por ejemplo, una chica una vez entró con un sobretodo en verano, era obvio que vino a robar, así que la enganchamos con ocho libros en la parte de adentro del abrigo", ríe Sebastián, de Losada. "Aunque los ladrones son generalmente amables. Piden disculpas, devuelven el botín y prometen no volver", cuenta Nahuel.
Ricardo, veterano vendedor de la avenida Corrientes, dice que también se roba a las distribuidoras. "Mucho va a parar a Internet", dice. Es cierto que en la Web los libros ofrecidos como nuevos están un 50% menos que en las librerías, aunque es incomprobable su origen. Ricardo se opone a la idea romántica. "Ese ladrón no existió nunca, jamás, a pesar de que varios intelectuales lo hayan hecho. Es cagarse en nuestro trabajo", se enoja. Matías piensa lo contrario. "Existe. Pero si los libros fueran más baratos, si el acceso a la cultura fuera más fácil cambiarían muchas cosas", cree, y ríe con su conclusión: "Claro, eso no le importa a nadie. Por eso roban Foucault".
Aunque quizá sea tan simple como creía el chileno Bolaño: "Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2010/01/12/um/m-02118336.htm
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lunes, 11 de enero de 2010
Reflexiones de un Bibliotecólogo [Situación en Chile ]
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